miércoles, 25 de marzo de 2015

Fiona L.: Hasta entonces

Se me han caído las hormonas al suelo. Andan por ahí; esparcidas. Por favor, caminad con cuidado a mí alrededor porque podéis pisármelas y me dolerá aún más.

Hola, chicas (y chicos, si es que hay alguno), soy Fiona L., casi se me olvida la educación, pero es que hoy… hoy me dicen buenos días y creo que me están tomando el pelo, es así. 
Vale que mi mejor amiga anda en la encrucijada de su vida, tiene miedo, y yo ya no sé ni qué decirle. Que justo me acabo de enterar que una conocida se incorpora a la legión de las valientes contra la enfermedad maldita. Por cierto, ¿cuántas más vamos a pasar por ello? ¿cuál es el número necesario para que la sociedad despierte y grite que nos están envenenando?. Porque digo yo que no será por casualidad este altísimo porcentaje de afectadas. Alguna razón que no existía antes, ya se habrá dado, ¿no?. Qué asco de life y, por si fuera poco, ¡!en la pelu me acaban de dar un sablazo!!!
Hace muchos años montaron una broma con cámara oculta. Era muy simple. En una peluquería normal y corriente, aparecía un músico (no recuerdo si con un violín) que tocaba mientras te peinaban. La broma consistía en que al final te pasaban una factura descomunal, del tipo 20 euros peinar + 200 euros de músico. En general, las mujeres pasaban de la fase inicial de asombro a directamente el mal humor o, en algún caso, al estoicismo de decir: pues yo no te pienso pagar eso. Pero hubo una mujer, por su apariencia externa una “chica violeta y plata”, que en cuanto se lo dijeron empezó a llorar desconsoladamente. Sin poder parar.
Daba tanta pena que cortaron la broma de inmediato, porque en ese momento, ante su dolor real, el asunto se tornó zafio. Salieron rápido a explicarle, a consolarle, a decirle que tranquila que sólo era una broma, de mal gusto quizá, y ella, todavía hipando, tratando de sonreír al ver que efectivamente aquello no era más que una tontería, balbuceó: Es que... es que… hoy todo me sale mal… esta mañana… esta mañana… me han pisado y ahora esto….
Yo, que entonces era mucho más joven que hoy en día, si eso es posible, me quedé perpleja. Me quedé perpleja y me entró la risa ¡La había pisado! ¿Por eso lloraba? Ay, no lo pillé porque entonces yo era joven y no se me caían las hormonas al suelo. Eso era lo que pasaba.


Llegar al violeta y plata te deja a las puertas de los cientos y cientos de problemas duros, reales y tangibles que te acumula la vida. Es así. Pero además, como al parecer eso parece poco peso para la mochila de una mujer, pues te añaden el baile caprichoso de tu organismo. Y entonces, por arte de magia, las tonterías adquieren la dimensión de un monstruo descomunal. Entonces, le voilá, te pisan, te intentan tangar en la pelu, te derrumbas y… sólo puedes llorar. Llorar a lágrima viva.

Lo mejor, lo mejor… Es que se pasa. Que lo sabemos. Que nos escondemos un ratito y, con nuestra discreción habitual, recogemos con mimo nuestras hormonas del suelo y las convertimos en un escudo de margaritas. Y así, transformadas de nuevo en las aguerridas luchadoras que somos, regresamos a nuestras batallas. Y las ganamos todas. Aunque salgamos de ellas con más rasponazos que Rambo (por cierto, un aprendiz, eso es lo que es ése).

Y nada más de momento. Cuando mis hormonas vuelen alto y me esté comiendo de nuevo el mundo, ya regresaré. Hasta entonces, cuidaros.

Fiona L.



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