domingo, 29 de noviembre de 2015

Ella dice, nosotras decimos: Mary Ann Clark Bremen y sus 707 (I)

Mary Ann Clark Bremen (1928-1996)


"Flaubert (inteligente),
Stendahl (poderoso),
Remy de Gourmont (misterioso),
Marcel Proust (delicado),
Jean Lorrain (frágil),
Verlaine (arrebatador),
Duhamel (a quien yo detestaba, ay).
Y una corta lista de escritores británicos:
George Eliot (delicado),
Thomas Hardy (admirable),
Lytton Strachey (otro de los preferidos de mi tío).
(...)
Los adjetivos eran de mi tío.


¿Cómo era mi tío?
Le gustaban Italia, La Ilíada, las historias de amor y muerte y resurrección de La Biblia y el vino joven. Nunca tuvo hijos (...) Era un viejo francés que creía en Europa pero también en el resto del mundo. No creía en la imposición de las ideas, pero sí en la libertad de todos y en la justicia para todos.
Durante la Primera Guerra Mundial había preferido trabajar como enfermero, aunque no soportaba la vista de la sangre, antes que disparar un solo tiro. No era exactamente un pacifista, pues creía que había "guerras justas", pero no hubiera podido vivir pensando que había matado a un inocente, a alguien a quien habían reclutado contra su voluntad. O por miedo.


Llegué a D. en un autobús herrumbroso, poco antes de aquel verano, pero él ya había muerto. Me había escrito una larga carta al hospital cada dos días, desde que supo de mi ingreso: no podía moverse y apenas podía escribir, pero trataba de decirme: "¡Vive!".


-Alguien tendrá que hacerse cargo. Y quién mejor que usted, señorita... Ama usted los libros tanto como su tío, que en paz descanse (...) El general De Gaulle ha dicho, en su discurso del día 8 (...)

En el jardín, en aquella imponente mesa construida con traviesas de ferrocarril, escribí una lista con todos los libros que había en la casa. 707. Y el número, al dibujarlo casi, me pareció tan simbólico como hermoso.

(...) en la escuela quedaban, tan sólo, ¡diecisiete libros!, el resto había calentado a los soldados de la batería alemana asentada en la cercana montaña de H. (...) habían destruido, precisamente, el ayuntamiento y la contigua biblioteca de D.


Como mi tío Marcel, yo solía cambiar de orden las palabras de los poemas que leía en voz alta. Me inventaba versos, realizaba variaciones que alteraban música y ritmo. Los hacía míos.

"La poesía es de todos, hasta de los indigentes." ¿No decía eso Baudelaire? "He nacido y vivido en cualquier lugar, y sólo tengo un deseo...", recordaba yo. "Un grito perdido en la tormenta, el aullido del océano." No era mi vida, sino los versos de un viejo poeta amado por mi tío. "Pobre e ingenuo corazón: astíllate, no eres nada (...)"





Mary Ann Clark Bremer perdió a sus padres durante la Segunda Guerra Mundial, cuando el buque en el que viajaban fue atacado por un submarino alemán. 
En los años setenta comenzó a escribir sus memorias, dándoles la forma de novela breve. La editorial habla de un "alto lirismo", del que doy fe, así como de su original construcción narrativa.
Escribió en varios idiomas, publicando exclusivamente con seudónimo.

Poca información se encuentra disponible sobre esta gran escritora.
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