domingo, 17 de enero de 2016

DIARIO DE UNA HIPO-POTAMA

"Sirenas", Merk Heine

Me pareció divertido titular estas entradas así, creyendo
que hipopótamo venía del griego hypo (debajo) y potamos (río).
Algo así como debajo del agua, que es como nos sentimos las mujeres
muchas veces (en temas de salud, p.ej.)
Pero no: viene de hippos (caballo).
     O sea, que me siento como un caballo de río.

(Peso según la báscula loca del gimnasio: 62,600)
-Entonces, ¿no te tienen que operar?
- No, mamá. Ya no tengo hipertiroidismo.

(Posibles síntomas de hipertiroidismo: placas de calor a lo largo del tronco y parte delantera muslos, temblor manos, pérdida evidente de peso, pelo-estropajo, envejecimiento piel, insomnio…)

-Vamos, que no es grave.
-No, mamá, para nada.
(Silencio.)

-¿Y qué sientes?

Como para contárselo. Si no sé ni explicármelo yo… Como para decirla que no me siento normal (nota mental: evitar "esa" palabra).

Cansancio. Pero no de estar tirada: de no tener “gas”. Sin combustible.

-Pues nada, mamá, cosas… nada, nada. Cansada, muy-muy cansada.
-Hija, a tu edad bailaba yo la jota…

Y yo, hace un año…

-… pero el radio yodo ese habrá sido para algo…

No me lo puedo creer.

-Mamá, pero si te lo expliqué: era para detener la tiroides, que producía mucha hormona.
(Y ha funcionado, por cierto).

-Ah, bueno. Entonces es que estás como la madre de Luisa. Que le ha dado por engordar.
-Mamá, ahora no sé, pero entonces, no. Estoy sobre todo muy, muy cansada. Pero dicen que en unos días me sentiré mejor.
-¡Que te den vitaminas! … 

¿Cómo explicarle lo que sentía entonces y lo que siento ahora?

-... Ah, pues sí. Le dio por engordar, y eso que no come casi nada. Que ahora le han dado hormonas para engordar…

¿Soy yo, mi madre, o la madre de Luisa?
Encantadora señora que te habla en el bar con una “porra” en la mano y unos churros calentitos esperando al lado…
-A ver, mamá, que no: que antes tenía mucha hormona, mi tiroides producía mucha hormona, y ahora, con el radio yodo, soy hipotiroidea, mi tiroides no produce hormona y tengo que tomar una artificial.
-Ah… Pues a la tía Esperanza le pasó. La operaron en los años cuarenta o así.

Afabilísima mujer. Con un sentido del humor maravilloso y siempre sonriendo.
Pero mi madre me ha matao:
-¿Pero no decías que no teníamos antecedentes en la familia, mamá?
Eso de: "nosotros, no".

-¿No te lo he dicho nunca? Pues se me pasaría. Entonces, ahora, ¿te operan?
No puede ser. Respiro.

-Que nooo, que no, mamá (boca llena de saliva), que ahora he empezado con la hormona tiroidea artificial, y hay que ver cuánta tengo que tomar.
(Silencio de asimilación)

-Bueno, hija, pues mejor que no te operen. Y a ver si arregláis lo otro.

Lo “otro”.
Me extrañaba a mí que no saliera.

-Hija, que así, ni pa’lante ni pa’tras. Y las cosas bien hechas, bien parecen.
-Mamá, “eso” también te lo he explicado.
-Pues no os caséis: tú verás. Así, tú no estás bien. Esa no es una buena situación para ti (silencio). Que ya sois mayorcitos. Un beso, voy a colgar, hija. A ver si no engordas.

Y colgó.